Medir la concentración de oxígeno en sangre de los recién nacidos, siguiendo unas pautas específicas, mejora las tasas de detección de malformaciones congénitas del corazón.
Según un estudio publicado en el ‘British Medical Journal’, la introducción de esta técnica en los exámenes rutinarios de los neonatos podría ayudar a salvar vidas.

Un equipo de especialistas suecos decidió probar la utilidad del pulsioxímetro (aparato que mide la saturación de oxígeno) para detectar las cardiopatías congénitas. Las maternidades de la región sueca de West Götaland implantaron esta herramienta como parte de la exploración rutinaria de los recién nacidos. La prueba consistía en medir la oxigenación en la mano derecha del bebé y en cualquiera de los pies. Si las saturaciones eran inferiores al 95% o la diferencia entre ambos gradientes era superior al 3% en tres medidas diferentes, el paciente era derivado para que se le realizara una ecocardiografía pues se consideraba sospechoso.

De otro lado, los expertos analizaron la utilidad de su nueva técnica con del examen físico habitual y por último la capacidad diagnóstica de ambos a la vez. En una segunda fase, compararon los resultados obtenidos en West Götaland con los registros de otras regiones del país en los que no se había utilizado el pulsioxímetro. Cerca de 40.000 bebés se beneficiaron de esta nueva herramienta. Gracias a ella, el 92% de los que padecían una patología dependiente del ductus((vaso que conecta la arteria pulmonar y aorta que es esencial para la circulación fetal pero que debe desaparecer tras el parto), fueron diagnosticados antes de abandonar el hospital, a pesar de que no manifestaban síntomas. Si sólo se hubiera utilizado la exploración física, casi un 28% se habría ido a casa sin que se detectara su problema.

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