Si de manera abrupta e inesperada, sin causa aparente, experimenta taquicardia, dificultades respiratorias, mareos e inestabilidad, sudores, vómitos o nauseas o se le dispara la presión arterial puede estar sufriendo un ataque al corazón o un ataque de pánico.

Según un estudio británico, los síntomas de ambas patologías se confunden en ocasiones cuando uno consulta al especialista. Una investigación revela que las personas que padecen trastornos del pánico presentan un riesgo mayor de desarrollar una enfermedad coronaria o de sufrir un infarto de miocardio.

El estudio, publicado en European Heart Journal, se suma a otros que en los últimos años han constatado la compleja relación entre mente y corazón. O lo que es lo mismo, entre trastornos como la depresión o la ansiedad extrema con un mayor riesgo de accidentes cardiovasculares.

A esta lista se suman ahora las crisis de pánico, un trastorno que, para los autores del citado estudio, debe considerarse en las consultas médicas como un factor independiente de riesgo de desarrollar una dolencia coronaria.

El trabajo comparó la evolución de cerca de 60.000 adultos diagnosticados de ataques de pánico con una muestra de más de 347.000 personas sin este tipo de antecedente. La incidencia del infarto aumentó de forma llamativa entre los primeros, sobre todo en aquellos menores de 50 años. También se incrementaron, en todas las edades, los diagnósticos de enfermedad coronaria.

Los investigadores creen que este hallazgo puede deberse a un error al diagnosticar los síntomas de enfermedad coronaria como ataques de pánico o a que realmente existe una relación causa-efecto entre éstos y el infarto. La hipótesis que se maneja es que estos episodios activan de forma excesiva el sistema nervioso simpático cardiaco, dañando las arterias y alterando el ritmo del corazón.

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