Es la inflamación de la bursa, un apequeña bolsa llena de líquido situada entre los huesos, tendones y que tiene la finalidad de facilitar el movimiento entre todas estas estructuras y evitar la fricción entre las partes móviles.

La bursitis se produce como consecuencia de una sobrecarga crónica, un golpe o traumatismo, o bien, puede ser originada por infecciones o enfermedades reumáticas o metabólicas como es el caso de la gota.

Es frecuente que la bursitis se presente en hombro, rodilla, codo y cadera, provocando una inflamación acompañada de dolor articular y calor en la zona afectada. Los deportistas que frecuentemente realizan una misma actividad repetidas veces pueden sobrecargar zonas del cuerpo y ser víctimas de una bursitis.

Asimismo, pueden presentar bursitis personas que manejan constantemente o que están frente al ordenador muchas horas realizando actividades repetitivas.

Para evitar este padecimiento, es aconsejable diversificar los entrenamientos así como los movimientos durante las jornadas laborales. Por otro lado, el uso de protectores de articulaciones durante la práctica de deportes evita las causas traumáticas y así, reduce el riesgo de sufrir bursitis.

Una vez que se presenta la enfermedad, el tratamiento consiste en evitar el uso de la articulación comprometida para no producir carga sobre ella, aplicar frío y antiinflamatorios para reducir el hinchazón de la bursa.

De otro lado, si la causa es infecciosa se necesitarán antibióticos y si la inflamación no cede es posible extraer líquido de la bursa con la finalidad de superar el cuadro agudo caracterizado por dolor para poder después, continuar ejercitando y movilizando la zona afectada.

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